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—Un olor de tu infancia

A esa edad los inviernos huelen a menta y eucalipto, el olor ahumado de las tostadas nos despierta cada mañana y el aroma del caramelo al caer la tarde anuncia un delicioso postre de sémola y canela. La cocina impregna el hogar con un arcoíris de olores, esencias, salsas, mermeladas y el recordado chocolate caliente.

 

—¿Qué es poesía para vos?

Piel y voz de los instantes, talismán de las noches sin luna, abecedario del silencio. 

 

—En el jardín de tu casa está Rilke esperándote ¿Qué regalo te hace?

Ohh..!…inesperada visita, qué honor. Su presencia ya es un regalo, se encuentra sentado en el escaño de fierro bajo el jacarandá que tiñe el jardín con su alfombra lila. Trae sombrero y bastón, me cautivan sus zapatos con diseño blanco y negro. Viste elegante, todo en él es elegancia y finura. Pero su mirada es fuego azul, sus ojos me queman como si quisieran desnudar mi alma. Me siento a su lado y compartimos una bella conversación en torno a las Cartas a un joven poeta.

 

—Si tuvieras que contarle a un ser inteligente no humano, cómo es vivir en la tierra, 

¿qué le dirías?

Le regalaría “Hojas de hierba” de Walt Whitman, para que lo leyera.

 

—Un pensamiento para regalar

Este nunca llegar, este andar como náufragos sobre desconocidas olas es lo que atormenta. El mar y su vastedad desborda nuestra copa pero no calma la sed. Queda entonces aprender el idioma del agua, llegar a uno y embarcarse en los propios mares. Luego, despertar la inocencia y soñar, siempre soñar e imaginar un mundo bello, soñar imposibles que acerquen la tierra al cielo o el cielo a la tierra, soñar poesía.

 

—¿Cuál es el sabor de la alegría?

La alegría tiene el sabor de un lugar, un lugar al que llego, un lugar abierto y transparente donde siempre es alba. La alegría sabe a la vertiente que se derrama sin vaciarse porque es ilimitada la fuente de agua viva que la vierte. La alegría es inhalar y exhalar vida en cada respiración, es ver bailar la copa de los árboles y bailar con ellos. La alegría sabe a vértigo del pájaro al que han abierto su jaula y no entiende qué hacer con tanta libertad. Imagino que los ángeles y las mariposas son adictos a la alegría.

 

—Ese ruido ya se hizo…costumbre, mil voces se precipitan en las calles, gritan sus demandas no escuchadas, sus carencias y dolores desestimados.

 

—¿Que tienen en común la poesía y los colores?

​​La palabra poética posee colores. Las infancias son amarillas si queremos verlas alegres, la noche es una flor azul, el bosque es un templo verde, roja es la savia humana cuando hace florecer rosas. 

El color otorga al poema un determinado ánimo y matiz. Pero también la poesía tiene aromas, texturas y sonidos como cualquier otra criatura.

 

—Tres palabras que te gustan y una que sea completamente nueva para vos

1) Sincronía, fragancia o peregrina me gustan por sus erres, son delicadas y tienen presencia al mismo tiempo. 2) Jacarandá por su musicalidad. 3) Inocencia es una caricia de niño solo nombrarla. 

4) Quiescente (que está inactivo, quieto). La acabo de descubrir.

 

—¿Los poetas que te conmueven qué virtudes tienen?

Aunque leo de todo, me cuesta mucho encontrar poetas que me conmueven. Hay mucho dolor y oscuridad en la poesía y en el arte en general. Como si hablar de ángeles o de cielos limpios fuera pecado literario. Por otro lado, vas resonando con una u otra voz poética según el proceso interno que estés atravesando. Prefiero el lenguaje sencillo, no esos poemas crípticos donde hay que adivinar que se quiso decir. Me gusta por ello la poesía oriental y la poesía indígena impregnada de magia y mundos sutiles. La poesía más filosófica también me atrae.

 

—A partir de esta carta de Tarot escribí un verso

 

 

Las espadas velan

el umbral

la entrada se encuentra

justo en el centro

en el eje

de las dos caras

donde luz y sombra

se tocan.

 

Autobiografía:

 

Tengo seis años, me colocan un vestido nuevo de un rosado muy suave. Ya ha oscurecido, me llevan a una casa en penumbras, donde tengo que armar un rompecabezas (puzzle). Es el examen para entrar a primer grado. De ahí en adelante tengo la sensación de haber estado siempre rindiendo examen. Complacer, sonreír y obedecer es la norma. Pero en mi imaginación otra cosa ocurre. En mi imaginación infinitos mundos florecen y en esos mundos soy libre. Tan libre, que cierro las puertas al exterior y me vuelvo silenciosa, solitaria y extremadamente tímida. Fueron años de recrear un imaginario propio y de vivir en una especie de universo paralelo. Creo ahora, que esa fue la semilla donde se forjó mi escritura, ahí está el pulso que hace nacer y transmutar esas vivencias en la palabra poética. En mi juventud estudio una carrera profesional relacionada con el arte y la estética. Pero es en la palabra donde encuentro la forma de expresarme mayormente. Asisto a talleres de escritura creativa solo para mejorar la técnica, siendo siempre fiel a mi propia voz. Es un camino que estoy recién transitando y sé que requiere disciplina como cualquier oficio. Ya en mis años de sosiego (tengo 65 años), hay mayor disponibilidad para uno y eso facilita el aprendizaje. A esta edad todavía prefiero el silencio y la soledad, pero he perdido el miedo, porque en poesía no hay que rendir ningún examen, la poesía es libre por excelencia.

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