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“La belleza es un lugar donde no van a parar los cobardes”
Antonio Gamoneda

 

Cuando leo a otros poetas y su estética literaria me hace andar por emociones intensas o incómodas me pregunto
¿qué vida habrá vivido?

¿qué lo ha hecho sufrir, bendecir, huir, odiar? ¿por qué escribe eso? ¿cual es la historia de limitación, impotencia que ha superado
y ha mutado en sabiduría?

Muchos poetas escriben para liberarse:
para quitarse cáscaras vencidas del tiempo, para odiar sin culpa, por venganza
de una comunidad que los traicionó: escriben como un modo de limpieza, de respiración primal o ritual.

Otros poetas desbordan tristeza, desesperación y bajo el ala curativa de la escritura
encuentran redención y si no es redención
lo que encuentran es alguna clase de justicia existencial.

También hay quienes escriben para ventilar una idea política, religiosa o filosófica o porque está de moda hacerlo.

Otros lo hacen por dicha, simple y hermosamente por dicha.

Dejar que un pensamiento malvado brote, que lo prohibido sea visto y no condenado,
que el amor erótico de una mujer por otra mujer sea simplemente amor y no magia negra
y versarlo sin vergüenza ni pedido de disculpa; que la vejez no sea sólo vejez sino un tiempo de decirnos.

Que lo que callamos en nuestra vida diaria
sea escuchado por alguien más, aunque ese alguien más sea un perfecto anónimo, es la raíz de la cosa parece.

Necesitamos ser escuchados, escucharnos.

Escribir nos sincera; aunque esa manera de sincerarse en sí misma no haga poesía
es un noble comienzo; también nos expone: no pone afuera,
bajo la mirada de los otros, que pueden acechar, resonar, sentir afinidad o asco.

Riesgos…

Y cada emoción que dispara un poema le pertenece al lector, a nadie e más.

Esa emoción teje un vinculo entre el poeta y quién lo lee, un hilo sutil y a la vez poderoso que nos lleva a sentir,
a tocar los nudos de nuestra existencia con dedos de seda; claro que hay poetas que te llevan
a pozos sin salida: de esos estoy a dieta.

Y otros que hacen una oda al suicidio: no co-habitamos en la misma casa.

Cuando te encuentras con un poema que te hace arder el cabello
es porque su destino era conjurar la vida oculta que llevas por dentro: esas palabras que no tuvieron aire
ese amor que no se pudo curar, esa forma que no llegó a ver el día,

el grito que te enfermo.

Esa vida oculta que le fue negado su sentir.

Ahora el descubrimiento necesario para hoy es: esa vida oculta es el verdadero poema.

y es el que más anhelo sentir.

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