¿Qué hacer cuando es imposible hacer algo?

¡Necesarias contradicciones!

Cuanto más me contradigo más existo
Y así no me gobierna nada fijo
Soy libre de crear y recrear mi mirada
me desato sola los nudos a la noche
Con los que me amordacé a la mañana
Y ya no pido mas permiso
Y ya no temo mas perderme
A veces sonrío con complicidad a la vida
Y otras quiero esconderme
Y cuando más viva me siento
Es cuando mas contradicciones tengo
Porque debajo de cada palabra que anuncio
Atenta escucho y me descubro
Y encuentro un nuevo sentimiento
Que estaba oculto y floreciendo
En cada silencio bendito
Que le arrebato al ruido del momento
Me contradigo y con coherencia acepto
Porque así es como yo siempre he sido
y como a mi misma me enseño.

-Alejandra Baldrich

“Cuanto más me contradigo más existo
Y así no me gobierna nada fijo”

¿Qué gusto tiene tu koán?

Como quién se disfraza de sal para llamar la sed de trascendencia, así son los koán personales o las contradicciones existenciales en la que los humanos solemos navegar y a veces naufragar. Esta divergencia que tanto nos abruma, nos pesa y que nos lleva involuntariamente de la nariz hacia una encrucijada puede ser el pasaje más importante hacia la libertad “personal”; si es que adoptamos una visión radicalmente diferente al respecto. Como la misma palabra anuncia una contradicción es una oposición interna de distintos puntos de vista, distintas formas de pensar, de sentir y de vivenciar. Jalonados por la evitación del conflicto interior, las contradicciones quedan sepultadas con mucha “prolijidad” y un falso sentido de equilibrio, muy pero muy lejos de nuestra aceptación y resolución.

Percibimos la realidad desde distintos niveles simultáneamente. Podemos sentir entusiasmo y miedo de comenzar algo nuevo y completamente diferente y a la vez pensar que estamos muy bien donde estamos ¿Por qué razón tendríamos que cambiar? y que no deberíamos ni siquiera ponerlo en duda. La propia vida empujará hacia la temida contradicción – o koán- de muchas maneras distintas. Pero lo vital será reconocer que estamos parados en un punto de quiebre y a la vez de apertura. Esta contradicción interna puede ser tan abismal e irreconciliable que no vemos una respuesta lógica o razonable a la vista. No la vemos, porque no la hay. Lo que usualmente sucede es el atascamiento o el desborde. Nos quedamos atascados en un cruce donde se encuentran distintas corrientes; una nos lleva hacia un lado y la otra hacia el lado opuesto. He aquí la sabiduría velada de lo paradojal pujando por salir.

¿Qué es un koán?

Dentro de la tradición zen el koán es un “problema” que el maestro le postula al discípulo para observar su progreso. Muchas veces este problema es tan ilogico, como banal. Uno de los más conocidos es el que pregunta: “Este el sonido de dos manos, ¿cuál es el sonido de una sola mano?” Delante de este dilema el discípulo busca la respuesta que puede liberar su mente. Dejando que la búsqueda transcurra sin ninguna prisa y con mucha paciencia, la respuesta llega; no del lado de la mente racional, sino desde la otra orilla de la mente. Así como el monje está prisionero de una mente llena de ruidos y no puede conocer la respuesta, nosotros en nuestra vida diaria tampoco podemos acceder a una resolución de nuestras contradicciones por estar a merced de una mente ruidosa.

En la vida cotidiana…

“Y cuando más viva me siento
Es cuando mas contradicciones tengo”

 

Nuestra vida cotidiana nos sorprende haciendo una cosa y sintiendo otra. Pensamos de una manera pero reaccionamos de forma opuesta, observamos las contradicciones de los otros y nos enojan y desorientan. Nuestra conciencia actual no puede abarcar ni contener al unísono esta divergencia aparente. Y quedamos suspendidos y encerrados en la propia desaprobación, en la culpa o en la ignorancia. El conflicto y la angustia es inevitable. La contradicción queda reducida a un problema que hay que descartar, curar, solucionar, controlar o bien adornar con interpretaciones que lo único que hacen es engordarlas más.
¿Cuál es el punto ciego? intentamos abordarlas desde el mismo nivel de inteligencia dual que nos llevó hacia ellas.

Una nueva lógica, un nuevo contexto.

“Y encuentro un nuevo sentimiento
Que estaba oculto y floreciendo
En cada silencio bendito”

Las contradicciones pueden estar fecundadas de una nueva manera de ver; he aquí un gran hallazgo.Todo es cuestión de contextos. Esta nueva lógica o manera de ver reposa en la unidad del alma, no en la mirada partida de la personalidad. El alma no esta atada a las contradicciones y resuena en el orden perfecto de todas las cosas, en profunda coherencia. Pero paradójicamente, es a través de la mirada partida que encuentra una nueva síntesis vital. Lo que le permite abrirse a un nuevo contexto creativo, mucho más complejo y profundamente más abarcativo que integra las diferencias a la vez que las contiene y las trasciende. La función del alma es ofrecer soluciones o respuestas creativas para desmantelar las divergencias internas y religarnos a un nuevo contexto. El contexto del Ser. Comprendo al Ser como la conciencia antes de ser consciente de cualquier objeto-sujeto. En palabras de Francis Bennet “el verdadero Ser es silencio, quietud, paz”.
Solo el alma sabe cómo retornar hasta allí. Y cuáles son los medios para llevarte hasta su lugar de descanso y dar el giro hacia el Ser. El giro de consciencia es desde el alma.

Un koán personal

Una transgresión de nuestra propia paradoja puede ser algo que nos abre y nos quita del encierro, a la vez que nos saca de esa la linealidad crónica que nos inocula tanto sufrimiento y que nos termina enfermando. Poder observar esta dinámica misteriosa y ambigua, lejos de dejarnos entre las tinieblas o desalentarnos, propicia una nueva visión de nuestra naturaleza.

“Soy libre de crear y recrear mi mirada
me desato sola los nudos a la noche”

¿Que se necesita?
Honestidad, una buena cantidad y de la mejor. Disminución de la vergüenza y una pérdida importante del miedo a mirar adentro. Una enorme cantidad de humildad y coraje para decir “no sé”. Y la sal que realza estos ingredientes es la aceptación. Sin aceptación no hay resolución. La aceptación no como “me resigno y ya” sino como un renunciar al orgullo de mantenerse adherido y fijo a lo que “se”. Este es el inicio del fin de la discusión mental que obstruye la libre circulación de una nueva y fresca consciencia. En la aceptación muere la identificación. Y al morir la identificación quedamos en un completo y fértil “no sé”. Este no sé, es el grito sagrado al alma, al que ella responderá, sin dudas. Para que el alma infunda una nueva visión nacida del fondo de la creación y no del vicio mental en el que estamos confundidos.

En la mesa de una cocina pueden existir ingredientes tan distintos como el agua y el aceite; ambos se excluyen mutuamente en cierto nivel de la vida. Sin embargo, encuentran un destino en común, en el contexto adecuado. John R. Suler en el libro El Árbol y el Divan dice: “La contradicción que brota del intento del yo de comprenderse y reflexionar sobre sí mismo puede asumir la forma de un conflicto paradójico” Esta trampa del destino nos obliga a ir más allá de la razón. Cada vez que lleguen las contradicciones, serán bienvenidas. Ellas son las que nos dan otra oportunidad, la de trascendernos.

“Me contradigo y con coherencia acepto
Porque así es como yo siempre he sido
y como a mi misma me enseño.”

 

Este microensayo está co-escrito con Alejandra Baldrich. Su poema abre este articulo. 

Alejandra Baldrich es poeta y escritora, podes encontrarla en su página de facebook Mujer Árbol.

Lorena Ciocale poeta, escritora.

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