En 12 preguntas: viaje a la Mente de un poeta

 

    —Un olor de tu infancia
El olor de manos de mi madre, de las tortas de azúcar recién hechas en la panadería.

 

   —¿Qué es poesía para vos?
Desnudarme de la sociedad, desnudarme de las urgencias,
para hablar con ese hombre que me acompaña, niño-adolescente-joven-adulto, a solas.

 

   —En el jardín de tu casa está Rilke esperándote ¿Qué regalo te hace?
La importancia del silencio versus rebeldía romántica.

 

   —Si tuvieras que contarle a un ser inteligente no humano, cómo es vivir en la tierra,
¿qué le dirías?
La falta de contacto del ser humano como el único ser vivo que ha de aprender a respetar,
sentir y necesitar la tierra como parte íntima de su ser.

 

   —Un pensamiento para regalar
El latido consciencia silencio… el ahora…

   —¿Cuál es el sabor de la alegría?
La tierra mojada, el piar de los gorriones al amanecer y al anochecer,
la luz en sus diferentes tonalidades, el mar cuando el cielo entorna sus ojos para abrir los puentes
a todas partes y seres, uffff….


   —Ese ruido ya se hizo (completalo)

Agua, torrente, viento, chapoteo del agua en la calzada, latidos, ahora….

   —¿Que tienen en común la poesía y la docencia?
Desnudarse de los hábitos viejos para alcanzar la sabiduría, la que importa,
la paz inquieta, la sonrisa desmelenada…. “adentro” diría el poeta hay que mirar “dentro” de las cosas
y de la realidad.

   —Tres palabras que te gustan y una que sea completamente nueva para vos
Mar, cielo, sonrisa.               
Covid: como herramienta que desnuda la superficialidad construida por el ser humano,
artificial, desconectada, etc.

   —¿Los poetas que te conmueven qué virtudes tienen?
Desde lo sencillo, la palabra no dicha, llegar adentro…
pulsar por medio del silencio tu alma, tu sabiduría íntima, tu respiración, tus amaneceres…


   —A partir de esta carta de Muse Tarot escribí un verso

Desperté de la realidad, navegaba por fin en el paraíso de tus emociones, las mías…

 

 

autobiografía de Pruden Tercero Nieto; autor del poemario «Hoja frágil de otoño»

De niño soñador, atribulado, sensible… Pronto aprendí a respetar la terrible
tormenta que el dolor desataba en los que me rodeaban, hogar, barrio, colegio…
En medio de todo aquello, como un cinexin, en la oscuridad consigue el milagro
de la proyección mi madre temblaba de luz a lo largo de mi infancia,
adolescencia y temprana juventud…
La carrera en Filología Hispánica (Lengua castellana y literatura) afinó las cuerdas
de mi sensibilidad poética y humana.
La docencia, ya fallecida mi madre, supuso un deambular literario y amoroso por tierras de Andalucía,
donde el sol tiende sus velas sobre tierra, personas y mar…
Allí eché las redes de la humanidad y del alma, resguardando las redes de los contenidos y de las leyes educativas,
en las aguas de los adolescentes.
De regreso a mi tierra, esa tierra bañada por viñedos, olivares y trigueros; esa tierra que a caballo de Sancho y don Quijote
sesteaba su bonhomía y sencillez, me calcé las sandalias de poeta, de payaso,
y de enamorado al fin de mi María, con quien me casé; esa tierra que hoy respira en mí y a través de mí con palabras,
claro, pero sobre todo con su enamorado e inquieto silencio…

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